Por si no era bastante triste que el único movimiento juvenil desde la Transición Española con atención de los medios y suficiente fuerza como para remover conciencias en Europa y otras partes del mundo, sea el movimiento de los indignados (o indignantes), es mucho más lamentable ver cómo día tras día, la izquierda española supuestamente democrática apoya, anima y jalea a ésta tropa de niñatos aburridos y malcriados.

Entendiendo que los indignados (o indignantes), piden entre otras cosas una reforma económica global, o una independencia judicial total, no cabe en cabeza humana que se les haya olvidado elementos tan fundamentales como los dos siguientes:

1. La unidad de España. Patria común e indivisible de todos los españoles.

Resulta ridículo plantear cualquier reforma, o indignarse ante cualquier organismo, o clamar por cualquier mejora, sin tener claro dónde quiere aplicarse, o qué quiere mejorarse. España es nuestra nación, y nuestro deber como ciudadanos es cuidarla, mejorarla y velar por la que será la tierra que verá nacer a nuestros hijos. Si el sistema que en ella está establecido, dista de manera tan profundamente radical como las reformas que solicitan los indignados (o indignantes), personalmente me plantearía cambiar mi residencia. Entre otros motivos porque les da igual la unidad de España, y cometen el error de anteponer unas ideas a la indisolubilidad de una nación. Error por el que sin embargo tanto luchó el antifranquismo porque no se cometiera; la izquierda, viendo a España sumida en una dictadura, quiso desmantelar ese estado autoritario y devolver el poder al pueblo. Porque España era su nación, y se la habían arrebatado.

Tales valores patrióticos, perfectamente compatibles (entonces) con la izquierda y la derecha, hoy no se tienen. El movimiento indignante, es básicamente un movimiento más cercano a un proyecto antisistema-comunista (sinónimo de terrorista) y apátrida, que democrático o de proyecto nacional.

2. La defensa de las Víctimas del terrorismo.

No se puede tomar la bandera de la justicia social, y al mismo tiempo olvidarse de las miles de familias destrozadas por el terrorismo. Además de ser una prueba más de la deriva ideológica que sufre este despreciable movimiento, resulta especialmente abyecto comprobar cómo se desprecian y vilipendian a las familias de los asesinados. No se puede tener en cuenta, dentro de un sistema democrático, a alimañas que además de no condenar el terrorismo, no muestran el más mínimo de los respetos ante quienes han sido objeto del mismo. Tal hecho, desautoriza más (si cabe) a quienes hablan del movimiento indignado (o indignante) como un movimiento popular. La sociedad española ha mostrado en numerosas ocasiones su solidaridad, apoyo, respeto y gratitud a las familias de los asesinados. La primera seña de un movimiento que quiera tomar la etiqueta de “popular”, debe cumplir unos mínimos comportamientos democráticos, y de respeto a quienes también conforman la sociedad española, como son las Víctimas.

Sin estos dos principios, sobra el resto del programa indignado (e indignante por su contenido).

Sin embargo, si cuaja con el programa del Gobierno; en constante colaboración con independentistas, y en su desprecio sistemático a la víctimas de los mismos.

Estamos de acuerdo en que España necesita un cambio, pero también sabemos que el cambio que necesita no es un 15M.

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