El 5 a las 5
febrero 4, 2011
Mañana, día 5 a las 5
Son, la voz del dolor. La voz de nuestra dignidad como nación. La voz de quienes fueron asesinados por vivir en libertad. Son, las víctimas del terrorismo.
Su memoria, su recuerdo, y sobretodo su dignidad, se están viendo menospreciados por quienes, con una de absoluta falta de escrúpulos, conciencia y moral, están negociando con sus verdugos.
Dar la espalda a las víctimas, negociando con sus asesinos y elevándolos así a la categoría de demócratas, es la política más ignominiosa que un Gobierno puede cometer. Personas con una ética y moral tan degradada y degradante, corrupta y ofensiva para un pueblo que se vuelca con sus víctimas cada vez que tiene oportunidad, no deberían ser quienes gobernaran un país. Ni siquiera un pueblo, barrio o vecindario.
El grado de perversión, poder e impunidad de éstas personas es tal, que incluso en las más altas esferas de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, han conseguido ejercer presión, haciendo suyos a inspectores, jefes de policía, jueces y fiscales.
La más reciente prueba del peligro que éstas personas representan para un país democrático, comprometido con el dolor de sus víctimas, con su recuerdo y su dignidad, lo tenemos en el caso Faisán.
El caso Faisán, se resume en la negación y renuncia total de las fuerzas de seguridad a su cometido: la policía, avisando a unos terroristas de que la propia policía, esta cercando uno de sus escondites para detenerles.
La implicación política (dando las ordenes oportunas), policial (ejecutando tales ordenes, sin reparar en la traición a los muertos de su propio cuerpo) y judicial (intentando en varias ocasiones archivar la investigación), nos dan las evidencias de hasta qué punto está corrompida nuestra nación, nuestro sistema, y quienes conforman las estructuras más fundamentales de nuestro Estado.
Por todo ello, y por nuestra propia dignidad, mañana día 5 de febrero, a las 5 de la tarde, todos en la calle Serrano.
La manifestación pasará, y servirá para más o menos, pero no se podrá decir, que ante el abuso incesante de quienes no tuvieron respeto por nuestros muertos, la sociedad fue también cómplice de tales abusos debido a su omisión, sumisión, y falta de conciencia.
LMR
