Algo nos hemos dejado en el camino. II – II
julio 13, 2010
Muchos, hablan de que la degradación de la democracia es algo palpable, que en apenas 30 años se ha quedado obsoleta y que la sociedad demanda un nuevo modelo de gobierno más abierto, menos burocrático, con una mayor alternancia y sobre todo, con menos poderes sobre sectores como la comunicación.
Sin distar mucho de esta tesis, en LMR queremos ir más allá, y poner el punto de mira no en la degradación de la democracia (que también), sino en la degradación de las ideas.
La degradación de las ideas, viene ligada de manera obvia e inseparable a la degradación de la juventud. Aunque pueda sonar a tópico, pensemos por un momento en la generación de nuestros padres. El que más y el que menos, tuvo algún familiar ligado en su juventud a alguna ideología política, la cual practicaba con fervorosidad dentro y fuera de casa, y por la cual, en la mayoría de los casos, ha salido una familia de un color o de otro. En los años 60, 70, e incluso en los 80, la juventud estaba comprometida con la política.
Los antifranquistas, querían acabar con un régimen totalitario, censurador y que a sus ojos, coartaba de manera intolerable sus libertades más fundamentales. Los favorables al franquismo, defendían la continuidad de la dictadura tras la muerte de Franco, porque pensaban que con la adopción de la democracia en España, los valores con los que habían crecido, los valores que habían hecho de España un país prospero y fructífero, los valores que habían mantenido 40 años de paz, irremediablemente desaparecerían.
Nada más lejos de la realidad.
Como podemos ver, fuera la ideología que fuese, todos profesaban una. Cada uno a su manera y cada uno la suya. Por ella luchaban y por ella se comprometían, todos por ella día a día, vivían y trabajaban con la esperanza de que, en un contexto de respeto mutuo y diálogo, pudieran de alguna manera convencer al otro y llegar a excitar la reflexión en la mente del contrario, llegar a hacerle temblar los cimientos de sus más profundas convicciones.
Hoy, resulta difícilmente imaginable poder contemplar este cuadro de debate, reflexión, ambición, ideas, aspiraciones, inquietudes e ilusiones, en la juventud de chiquilicuatres que pueblan nuestra nación. Ojo, esto no es el tópico de la juventud desnortada como ya en el siglo IV antes de Cristo decía Sócrates de la juventud de entonces “Los jóvenes de hoy aman el lujo, tienen manías y desprecian la autoridad. Responden a sus padres, cruzan las piernas y tiranizan a sus maestros“, es mucho más serio. Es, además de todo eso, una indiferencia absoluta por todo aquello que no sean sus propios intereses. El egoísmo o la avaricia, además de ser un pecado capital, es un sentimiento propio del ser humano, pero el egoísmo idiótico (ni si quiera despótico) que caracteriza a los nuevos españoles sobrepasa lo alarmante.